Estoy
huérfano en un 33%, una de las patas del trípode se ha ido de vacaciones y
acabamos de cambiar el nombre del grupo musical, ahora somos el Dúo Dinámico. Así llevamos una semana y
he comprobado que la vida en pareja es muy difícil, no hay posibilidad de
diversificar las culpas: es de uno o de otro, ¡no hay más!
Hoy Juanjo me decía, y le doy la
razón, que, hace un tiempo, la Vuelta a la Montaña era una ruta que imponía un
cierto respeto y ahora la damos como quien lava. Por otro lado, mi cuñado Maxi,
antiguo corredor ciclista y que participó en un Circuito de Pascuas incrustado
con los profesionales del momento, salía casi todos los días a entrenar,
cumpliendo su correspondiente Vuelta a Ulzama, una por la mañana antes de
comenzar a trabajar y otra por la tarde a la hora de la comida.
¡Pues si! Ayer, a las 8,30 de la
mañana, salí con mi MTB a subir Markalain y llanear por Ulzama hasta Ostiz y
luego, como diría aquél, disputando mi lugar con los camiones por la N-121-A
hasta casa. Cuando se tiene el horario de andar en bicicleta comprimido, este
recorrido es extraordinario en todos los sentidos pero, en el tiempo que nos ha
tocado vivir, se queda un poco corto, apenas llega a los 50 kilómetros.
Todo iba bien hasta que hemos
llegado a Zandueta, en ese punto El Escalador se ha dado por aludido y ha
comenzado a imprimir un ritmillo de esos que dan por el…, le veía muy implicado,
con ganas; yo creía que, poco a poco, el viento de cara le minaría las fuerzas
pero ¡no! está “mucho fuerte”, así que, chorreando sudor, nos hemos presentado
en el Camping de Urrobi y el GARMIN me decía que subíamos la cuestecilla de 13
kilómetros a 24 kms/hora y con viento de cara ¡bien Juanjo, bien!
Después de tomar un café en Espinal,
hemos tenido tiempo de gozar camino de Erro. La zapatilla derecha gruñía y he
parado tres segundos, tiempo suficiente para que mi compañero de Dúo me dejara,
así hemos subido el puerto, como los novios de “morros” separados 100 metros el
uno del otro.
Desde Zubiri a Pamplona, a buen paso
y, como lo temía, he ido escuchando lo bueno que es El Escalador, el ritmo que
ha imprimido en el tramo de 13 kilómetros surcando el río Urrobi, las veces que
he cambiado para poder seguirle, que hacía la goma (yo) yo, yo, yo (él). Nada,
lo reconozco es mejor que yo, y eso que solamente le llevo once años. Espero
con impaciencia llevarle quince para que así sus hazañas sean mayores y os las
pueda relatar.
Como decía al principio, la Vuelta a
la Montaña se nos está quedando pequeña y empiezo a añorar aquellos tiempos en los
que dar la Vuelta a Ulzama era todo un triunfo. Vivimos la era de los maldeman.
Bs.
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