lunes, 6 de mayo de 2013

Marcha hacia Santesteban (Doneztebe)

Siempre he sido un admirador de Joan Manuel Serrat; cuando tenía 14 años lo descubrí en un programa de radio y me conquistó; desde entonces el mundo ha dado muchas vueltas y pienso que su momento hace tiempo que ha pasado, que haría bien, si no lo ha hecho ya, en retirarse y dejar de dar pena. Que nadie piense que esto que acabo de escribir tiene analogía con alguna otra parcela de la vida, al menos no lo pretendo; no estoy haciendo una comparación entre la música y la bicicleta, ni mucho menos entre Serrat y yo, simplemente estaba escuchando una canción del artista y he pensado: qué bueno era y cuanto me gustaba, en cambio ahora que poca gracia me hace. Bueno, a lo nuestro, el ciclismo. Ayer la marcha de la semana nos llevó hacia Oroquieta y, tras una bajada hacia Santesteban que me encantó, me encaminé solo rumbo a Pamplona subiendo el puerto de Velate.
Hacía tiempo que no subía este puerto y el hacerlo sirvió para congraciarme con él. Me habían dicho que estaba deshecho, que había mucho tráfico por culpa del desprendimiento que hace unos días hubo a la salida de uno de los túneles y que hacía desviarlo, como tantas otras veces, por la carretera vieja. Ante la alternativa que se ofrecía, subir el puerto de Artesiaga, decidí continuar la marcha por el lugar señalado en el calendario y probar fortuna.
Hasta Almándoz conté los vehículos que me pasaron, fueron cinco, era una auténtica gozada disponer de toda la anchura de la carretera para mí solo y el firme de la calzada sin problema alguno; a partir de entonces tuve que compartir la marcha con camiones y coches pero nada del otro mundo, además, obligados por la necesidad, desde la Consejería de Fomento, o como se diga, del Gobierno de Navarra han ido arreglando la carretera con grandes parches de firme fino y esto hacía que la subida no fuera tan atosigante como me la había presentado. Enseguida terminé los 15 kilómetros de Velate y, eso sí, después de una bajada criminal decidí desviarme hacia Ulzama.
A la altura del Campo de Golf alcancé al amigo de Julio Sainz y juntos nos presentamos en Pamplona. El GARMIN señalaba 127 kilómetros, los últimos 50 los hice solo salvo los que nos acompañamos Julio y yo.
 ¿Sabéis cual es el sentimiento que me asalta últimamente? Soy el primero en reconocer que menos es nada. Que el grupo de los madelman espere al resto al finalizar los puertos es un verdadero triunfo, no lo dudo, pero como todo tiene un pequeño defecto y es que, cuando llegas abajo, inmediatamente el bloque se pone en circulación dejando sin descanso a los que llegan. Los buenos han descansado y los menos buenos, hala, otra vez a correr. Cuando llegué a Santesteban, no hacía mucho tiempo que lo había hecho los “escaladores”, sin embargo la sensación que tuve fue la de “sálvese quien pueda”: unos no pararon, otros ya iniciaban la partida, los de más allá comían la tortilla deprisa y corriendo… estaba seguro de que, al salir de WC, me iba a encontrar solo con Joaquín, no fue así pero casi; esto fue lo que me decidió subir Velate: buscar la tranquilidad.
Hasta otra. Bs.

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