sábado, 27 de abril de 2013
Tráfico y ciclistas
Todos sabemos que el ciclismo es un deporte de riesgo, para ubicarlo en esta definición, nos vienen a la cabeza gran cantidad de peligros que acechan a los que lo practicamos. El más recurrente podría ser el de las “caídas”, mas de éste no nos tenemos que preocupar ya que la DGT vela por nosotros y nos obliga a llevar un casco, todo solucionado. Aprovecho la ocasión para darles varias ideas y que, próximamente, en otra nueva ley, se acuerden de nuestras rodillas (rodilleras), manos (guantes), caderas (fajas), ojos (gafas), orejas (orejeras), piel (cremas protectoras solares) etc. Que conste que en este comentario no hay ni asomo de sorna por mi parte, puestos a velar por nuestras seguridad, fijaos la cantidad de zonas de nuestro cuerpo que están expuestas a peligros y la DGT no hace nada por obligarnos a solucionarlo.
Sin embargo, el peligro número uno es el tráfico. Por culpa de nuestros compañeros de viaje en calles y carreteras, éste es el verdadero campeón de campeones de todos los peligros. Ante él da igual que lleves casco o te pongas crema en los brazos, si te pilla un automóvil o un camión, cuando vayas por los aires, reza lo que sepas para que solamente se quede la cuestión en un desplazamiento muy brusco y luego no te pase por encima, que el golpe no te rompa en cachitos y tengas que vivir el resto de tu vida en una silla de ruedas, eso sí, participando en todos los campeonatos de paralímpicos que se anuncien en internet. Si has rezado poco o nada por no haberte dado tiempo, es muy probable que mueras tal y como ocurrió a un paisano nuestro la semana pasada en Mont-Roig del Camp (Tarragona). Efectivamente, amigo Karlos, hemos andado muchos kilómetros por esas carreteras catalanas y es una verdadera delicia llanear, subir, bajar y tomarnos unas cuantas birras en donde convenga. Lo mismo pensó el jubilado de Azagra y, por culpa de un drogado, ahora su tumba está llena de flores.
¿Por qué cuento todo esto? Todas las semanas salgo a andar en bicicleta un promedio de 5 días. La rutina es similar para todos ellos: hay que callejear por Pamplona disputando el sitio a los padres que llevan sus hijos al colegio, individuos con cara muy seria, cara del que sabe, “madelmanes” de la calzada que van al trabajo y para los que el ciclista es un estorbo. Cuando Pamplona queda atrás, normalmente hay un tramo de autovía o variante en el que los profesionales del transporte te pasan, a poder ser, a menos de 1,50 metros de distancia de tu bicicleta. Da igual que sean españoles, portugueses o de Europa del Este, las madres de todos ellos sienten unos pitidos en los oídos y piensan –“qué coño estará haciendo el hijoputa de mi hijo por Navarra”- Esto lo tienen muy asimilado y, al regresar a sus casas, los castigan a mirar contra la pared. Ahí queda la anécdota en el mejor de los casos, en otros tendrían que traerles tabaco a la cárcel de Pamplona por hijoputa temerario.
En la parte central de la marcha diaria podríamos decir que los peligros del tráfico se diluyen, pasan un poco más desapercibidos, nos encargamos de escaquearnos por carreteras secundarias y ahí, salvo algún que otro mastodonte que por evitarse un rodeo discurre por carreteras comarcales con camiones de gran tonelaje, la cosa se tranquiliza. Por último queda la vuelta a casa y, en menor medida, discutir con los taxistas, transpaqueteros y demás sabihondos de la vieja Iruña.
Ha pasado otro día y mañana nos toca más de lo mismo indefectiblemente.
A la tarde, mientras por las televisiones no retransmiten ninguna carrera ciclista, leeré en la sección de “cartas de los lectores” del Diario de Navarra que las bicicletas son un peligro para todos: peatones, circulación rodada, para los padres, para el que sabe, para la comida del hospital, para los hijos de puta de un poco más arriba, para nosotros mismos y que la DGT anda pensando en poner en práctica alguna de las ideas que he escrito al principio de mi crónica, por tonto, y así eliminar todos los peligros que nos acechan.
Lo dicho, los culpables son los atropellados y los muertos ¡que nos jodamos!
Hasta pronto.
Bs.
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