domingo, 25 de octubre de 2015

Club Ciclista Chimeneas



No estoy de acuerdo con la falta de uniformidad en el vestuario, pero estoy seguro de que la próxima temporada arreglaremos este asunto. Parecemos un grupo de ciclistas que se han ido juntando a lo largo de la mañana y que cada uno de ellos se ha vestido con lo que le ha venido en gana: unos con prendas de Etxeondo, otros con Nalini, Sporful, Castelli… alguno con el equipo del club al que perteneció y ya no frecuenta; por ahí aparece uno con una chaqueta que no le favorece a la hora de ocultar sus michelines; ¡un disparate! No es que sea el ejército de Pancho Villa, pero a no ser porque todos mantenemos una velocidad uniforme, hablamos entre nosotros, almorzamos juntos, nos guasapeamos, quedamos para celebrar el cierre de temporada en un restaurante de postín y muchas cosas más, alguno podría pensar que no nos conocemos.

Ayer fuimos siete; somos catorce. No está mal salir el 50% del total de los componentes del Grupo Chimeneas.

Me pareció extraordinario hacerle caso a Carlos y enfilar hacia el sur. Salir de Pamplona por la Avda. de Zaragoza y escondernos del tráfico del sábado por la carreterita de Imarcoain. Aparecer otra vez en la N-121 y, con la fuerza que da el grupo, enfrentarnos al camionaje que de forma pertinaz asalta la antigua carretera general y así ahorrarse el peaje de la autopista. 

No tengo la menor idea respecto del estado de cuentas de Audenasa; desconozco si la autopista está amortizada o no; tampoco sé el importe del peaje para los camiones; tan sólo me fijo en la reata de transportistas que nos acompañan en la travesía de Campanas: ¡lo encuentro vergonzoso! ¿Cómo es posible atravesar un pueblo por la misma vía que existe desde la eternidad con mastodontes de toda clase y condición, mientras la autopista languidece con usuarios distinguidos a los que la única traba que tienen que soportar es la prohibición del tope de velocidad? Podrían circular a 200 kms/hora y no encontrarían el menor de los obstáculos para hacerlo: los problemas están un poco más abajo, en Campanas; por ahí, en medio de las casas y entre los ciclistas, peregrinan los gigantes de la ruta en busca de unos eurillos ahorrados a costa del vecindario.

Otra vez me he distraído y he empezado a hablar de cosas que no tienen que ver con el ciclismo… ¿o sí? ¡Pues claro que tienen que ver con el ciclismo, y con la salud, con la economía y con el sentido común! 

Tal vez era por la poca fuerza del viento norte, lo cierto es que alcanzamos Barasoain sin dificultad alguna; giramos hacia la Valdorba y ascendimos por los 15 kilómetros que llevan hasta Uzquita. Me encantó esta ruta. La carretera no está para echar cohetes ni para lo contrario ¡en peores plazas hemos toreado y nos hemos callado! ¿O es que la subida de Urquiaga está mejor? El Garmin anunciaba que la tendencia era siempre ascendente con uno, dos o hasta tres repechitos que nos obligaron a pedalear de pie ¡nada importante! Lo bueno estuvo en el camino de regreso con velocidades más propias de un equipo Uci Pro Team
 
Lo dicho: la ruta, los compañeros y la manera de andar me encantaron. Me gustaría volver a repetirlo, aunque esta vez con los maillots del Club Ciclista Chimeneas anunciando que “ahí vamos” y circulando a toda velocidad por la carretera libre de camionazos a su paso por Campanas y por cualquier otro sitio que sea lógico que no lo hagan. En este mundo no siempre hay que mirar por el dinero; cuando suceden catástrofes se gasta a espuertas por culpa de no haber solucionado situaciones como la que digo.

Hasta pronto. Bs.