jueves, 28 de mayo de 2015

El Giro de Italia y nosotros, pobres!



Son las tres y pico de la tarde y dejo con mucho gusto a mi bicicleta colgada del techo. El Garmin me dice que he estado seis horas y 20 minutos sentado en un pequeño triángulo negro. El culo no me duele ¡menos mal! pero no hay que preocuparse: las manos, los hombros y el muslo derecho están duros como la piedra.

Todas las mañanas cuando inicio la marcha del día, me pregunto cómo llegaré unas horas más tarde; por más que advierta que mi estado de forma comienza a ser bastante presentable, no es bueno creérselo demasiado y prefiero ser prudente, así, si llego como hoy, contento, la alegría es múltiple.

Mientras veo los últimos kilómetros de la etapa del “Giro de Italia”, mi mente se escapa continuamente a nuestra etapa personal del día y por mi cerebro danzan las imágenes de Gilbert, Contador, Carlos, Landa, Karlos, Hesjedal, Ricardo, Ignacio, el Astana, el Cannondale, las azafatas, el maillot rosa, las Wilier, la HaiBike, la Cannondale… un verdadero batiburrillo de idas y venidas maravilloso.

Ellos han tenido una etapa corta de apenas 170 kilómetros y nosotros otra larga de 160. No es comparable una cosa con la otra, de ahí la disparidad de adjetivar a una más corta como larga y a la otra más larga como corta. Ellos son profesionales del ciclismo y a nosotros nos gusta el ciclismo. En el “Giro” son los reyes de la carretera y en nuestras marchas somos los estorbos de los automovilistas. Por mucho que el código de circulación nos permita ir de dos en dos, siempre iremos lamiendo la parte más desechable de la calzada: la que está llena de gravilla y de cristalitos que, después de algún accidente automovilístico, la lluvia habrá ido arrinconando hacia el lugar que la gravedad les señale, el nuestro.

Hemos llegado a Alsasua después de dejar atrás La Barranca con sus petachos de brea mal tirada, sin apisonar, y con el viento en la cara. Lo siento, a partir de aquí ninguno de nosotros somos expertos en dirigirnos hacia Cegama y tenemos que preguntar. Apenas estorbamos a alguien, casi solos hemos llegado al Alto de Otzaurte y nos hemos enterado de que lo verdaderamente interesante estaba en la otra vertiente, en la de la comarca del Goierri. He sentido una inmensa alegría cuando lo he bajado ¡Mucho más veloz, oye! Segura, Idiazábal, Olaberría y Ataun. Almuerzo en el mismo bar que hace 15 días y el pueblo más largo de Guipuzcoa nos ha llevado hasta la misma base del Puerto de Lizarrusti. Se trata de una amable subida de seis kilómetros de longitud; apenas tiene rectas, se zigzaguea debajo del túnel verde y se sospecha que por encima de los árboles hace sol.


Desde la muga con Navarra hasta casa tenemos que dar cuenta de 55 kilómetros. Recuerdo que hace unas horas el viento era un pelmazo y espero que ahora sea nuestro amigo. El pedaleo lo  hacemos fácil y es que las ganas de terminar con todo esto, sospecho que nos pone alas. No, no tomamos Red Bull, sólo tortilla y algo de agua con polvos de limón.

Seguimos con nuestra labor de aproximación subiendo a Urrizola y copiando a holandeses, belgas, británicos y a toda la Centroeuropa que se tercie, subimos por San Jorge.

¡Qué pena no ser un ciclista espigado, alto, moreno y tal y tal! Llevar detrás a 50 automóviles repletos de bicicletas de repuesto con sus directores, mecánicos, masajistas, los del Jurado Técnico, etc. sentir el aplauso de los tifosi, arrojarles los bidones que estorban y llegar a la meta sudoroso para recibir el beso de las jamelgas y regar con champagne a tutto il mondo. ¡Qué pena!

Nosotros seguimos como siempre: disputando el sitio a los currelas de los polígonos que entran a trabajar; colándonos por las rendijas hacia los semáforos; midiendo mentalmente la distancia que el coche rojo ha dejado entre la puerta del copiloto y mi pierna izquierda y, al esperar al ascensor, ceder muy gustoso la plaza a la vecina que viene cargada con las bolsas de la compra después de haber trabajado en la oficina.

Sí, estoy contento.

Hasta pronto. Bs.

jueves, 21 de mayo de 2015

Alberto Contador, el Giro y el Sky



Pretendo mantenerme distante cuan náufrago en isla deshabitada, pero es muy difícil conseguirlo; por las rendijas se cuelan las noticias y sólo me sofocan las contrarias a mi manera de pensar.


Estos días son buenos para los seguidores del ciclismo: estamos en plena temporada. El “Giro” ha llegado con su ambiente especial, mitad aldeano y mitad elegante. Todo es rosa y me gusta. Los ganadores reciben sus ramos, sus botellas y, lo que es mejor, los besos de las jamelgas. No necesitan hacerlo pero lo prefieren: se suben a sus taconazos y desde allí arriba descienden para depositar sus besos en las caras de los afortunados enanos ganadores de la etapa, montaña, general y tal y tal.


Todo va como de costumbre: unos ganan otros no; algunos suben otros bajan; los que iban los primeros dejan su sitio a los que estaban detrás; aquel rezagado se ha metido en una escapada “bidón” y ahora es un “outsider” a la victoria final; siempre hay alguno que se cae y no dice nada; otros se retiran sin remedio; todavía existen los “aguadores”, los que bajan hasta la fila de coches de equipo y retornan cargados de bidones de agua para repartirlos entre sus compañeros. ¿Qué sería de nosotros si no existieran los locutores de las retransmisiones ciclistas? ¿Con quién cojones nos íbamos a meter si no tuviéramos a mano a un Perico, a un Amat, a un Sastre, a un García Alix, a un Carles, a un Pizarro, a un… etc.? Sencillamente: lo pasaríamos muy mal sin estos elementos indispensables para nuestra siesta diaria.


¡En fin! Lo de siempre. Llámese Giro, Tour o Vuelta; clásicas, monumentos, vueltas de medio pelo, carreras de pista, ciclo cros, de chicas o de chicos, en fines de semana o en semanas enteras, las carreras ciclistas o los partidos de fútbol consisten en lo mismo: en ir preparándose para, después de muchísimas vicisitudes, ayudar a ganar y ganar la competición en cuestión. 


Pues bien; después de todo esto, a mi edad, he descubierto que cuando un ciclista candidato al triunfo final del Giro, por ejemplo, pincha la rueda delantera de su bicicleta, es algo totalmente normal, elegante y caballeroso que uno de sus contrincantes, enrolado en un equipo rival, le ceda gustosamente la suya, la delantera, y hasta le ayude a recuperar la velocidad apropiada para alcanzar al pelotón que, maleducado él, no le ha esperado ¡cachis!


Esto ocurrió el otro día en el Giro de Italia mientras dormía. Richie Porte, australiano del equipo británico Sky, pinchó y su compatriota Simon Clarke, del equipo australiano Orica, perdió el culo y hasta la dignidad por parar a ayudar a su amigo Richie y, claro, a los dos les cayeron dos minutos de penalización y una sanción económica. Todo reglamentario.


Terminé con mi siesta y, al rato, me metí en lo que se llama redes sociales. El lío estaba formado. El Trending Topics del momento era la ayuda de Simon en favor de Richie. Todos eran muy guapos y el uno le debía al otro una jarra de cerveza ¡Viva Australia!


Para que nadie se llame a engaño, yo estoy en contra de la actuación que tuvo el amigo Simon y a favor de la sanción, tanto en forma de tiempo como económica que tuvieron ambos. Pues bien, creo que pertenezco a la minoría mínima que opina de esa manera. Unos lo vieron como una forma caballerosa de comportarse en una competición deportiva; otros creían desmesurada la sanción de los dos minutos que les cayeron a los dos “canguritos”; los de por aquí recordaban que el beneficiado era un corredor de Pinto, el mismo que dijo que se había comido un txuletón de Irún  y castigado de manera lógica en un tribunal de justicia ¡qué injusticia!


En esas estamos cuando aparece Alberto Contador Velasco, ciclista de Pinto, quitándose el casco en plena etapa en virtud de “vaya Ud. a saber por qué”. Una idea funesta se me pasó por la cabeza y… acerté: el equipo Sky se apresuró en presentar una reclamación ante quien corresponda con la idea de que, en justa correspondencia, al quejicoso de Contador se le mandara a casa de una puta vez por haberse despojado del casco en plena carrera para quitarse una prenda de abrigo de la cabeza.


A la noche, creo que fue en la edición digital del Diario AS, apareció la noticia de que el Jurado Técnico del Giro había mandado a la M a los inventores del nuevo ciclismo: los británicos.


Hasta pronto. Bs.

domingo, 10 de mayo de 2015

Vuelta de Fin de Semana



Esta semana ha sido pródiga en deserciones; pensaba que si empezaba a mover el cotarro desde el mismo lunes, todo el mundo iría afilando los dientes y amueblando sus problemas para poder dar una vuelta de las “consistentes” en el fin de semana. Se fueron descolgando del árbol y nos dejaron a tres infelices maromos solos contra todo. Hubo dos presencias testimoniales que se agradecieron pero no arreglaron gran cosa.

¡En fin! Voy a buscar en el saco de los refranes a ver qué es lo que encuentro para estas situaciones… ¡sí! aquí hay algo que viene que ni pintado: -“Bien está lo que bien acaba”- ahí va otro: -“Más vale solo que mal acompañado”- 

Salgo con ropa de verano y me pongo debajo del maillot dos hojas del Diario. Apuesto porque dentro de poco desaparecerá el frescor de la mañana y no quiero atufarme. Son las ocho, luce el sol en Antoniutti y poco a poco vamos apareciendo los cinco: los tres titulares de la marcha y los “testimoniales”. 

Aunque al principio no hablamos mucho, noto que en Irurzun ya hemos roto el hielo y estamos como siempre. Subimos por los túneles del Plazaola y ponemos las “luces de posición”. 

Enseguida llegamos a lo que unos dicen “San Migueltxo” y los eruditos “Olagain”. Esta cuesta no tiene, ni mucho menos, la categoría de puerto, pero todo el mundo la sube con seriedad: los cuellos debidamente estirados sin descuidar pasar revista al asfalto, al culo de quien te precede y a la calculadora mental que te recordará que falta poco para terminar con este pequeño suplicio del Valle de Larraun. Justo al principio de la cuesta nos alcanzó un grupo de compañeros de “La Burunda” y nos animó con el ritmo: dejamos el vals en beneficio del rock.

Hacía sol, pero el futuro cercano de Azpíroz avisaba de que en Guipuzcoa el cielo estaba cubierto de nubes azulencas tirando a negras. ¡Qué pena lo que fue hace tanto tiempo la discoteca  “Malloak”! Sus ruinas apenas sirven para hacer un pipi rápido y adentrarnos en territorio del Araxes camino de Tolosa. El río marca un constante desnivel favorable, apenas perceptible, pero que el Garmin se encarga de anunciarlo.

Buscamos con ahínco la ruta buena de salida hacia Beasain y se nos resiste. Carlos quiere inmortalizar “algún momento” y descuartiza el “móvil”. Tenemos suerte, pues ni le sobran ni le faltan piezas: son muchas y todas encajan. Hemos perdido algo de tiempo y, hasta que demos con Ataun, será más. ¡Cuánto cambian las cosas desde la última vez que pasamos por allí! Por el camino nos cruzamos con innumerables grupos de madelmanes; sabemos que lo son porque su indumentaria y fisonomía los delata: unos son altos y flacos, otros de estatura más contenida; todos tienen la cara seria, cubierta de barba de varios días y la mayoría lleva culottes largos, ¡como los profesionales! Nos miran con cierto desdén como diciendo: -“globeros, ¿a dónde vais de “corto”?

Por fin aparecemos en uno de los tres Ataunes y almorzamos en la Taberna Bitor (esto me suena). Dentro de poco iniciaremos la amable subida del Puerto de Lizarrusti y espero que sea tan agradable como la recuerdo.



Reconozco que tengo una memoria de elefante: aunque hacía más de diez años que no aparecía por este lado del Parque de Aralar, casi casi recordaba todo su trazado, con rampas suaves, constantes y con la monotonía del verde acompañándonos hasta arriba. El visor señalaba 110 kms.

Enseguida desembocamos en La Barranca y otra vez el viento de nuestro lado, de culo ¡vaya! No, por hoy no subiremos a San Miguel de Aralar, mejor más adelante, hoy se nos hace tarde. 

Etxarren, Urrizola, Oskia, Ororbia y Pamplona. El Garmin señala exactamente 160 kilometros. Tal vez a alguno le parezca poco, a otros mucho y a los del fondo ni fu ni fa. Yo creo que todo es relativo: Si el tope está en la Vuelta a Ulzama, la Vuelta a Erro les parecerá mucho; si estás acostumbrado a llegar hasta las Abaurreas día sí y día también, nuestra vueltita no tendrá muchos apoyos; si eres un profesional y en estos momentos estás corriendo el “Giro de Italia” esto será un pseudo entrenamiento para estirar las piernas en día de descanso. A nosotros nos ha parecido una señora marcha, hemos estado 6 horas montados encima de un pequeño triángulo de color negro y nos sobra. Al llegar al trastero oigo un ruido y... todavía llevo las hojas de papel de periódico de la mañana ¡Qué memoria la mía!

Igual el próximo día tenemos que aumentar el kilometraje, ya veremos.

Hasta pronto. Bs.