domingo, 26 de octubre de 2014

La maldición del ciclismo. No aprendemos




Lucas 6:29
“Al que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, no le niegues tampoco la túnica”

En los partidos de fútbol hay situaciones que no acabo de entenderlas. Cuando un jugador recibe una patada, para librarse de la tarjeta amarilla, como poco, tendrá que arrodillarse y pedir perdón al agresor; si por el contrario se encara con éste, la cagaste Burt Lancaster, no le libra de la consabida tarjeta nadie: tanto el pegador de patadas como el recibidor verán un color amarillo plasmado en sus narices.

Por lo visto, el Colegio de Árbitros de Fútbol es un fiel seguidor del evangelista Lucas y el que no hace caso de lo que entrecomillo al principio de mi escrito: “hijoputa” por tonto.

Bueno, vayamos al grano. Hoy hemos salido cuatro txirrindularis, más que otra cosa, a aprovechar el día de verano que el otoño nos ha regalado. El fresco de la mañana nos ha obligado a circular por la Baja Navarra respetando todos los semáforos (200 o más) que hay desde el Seminario hasta el barrio de San Jorge ¡todos en rojo pero no importa! Hasta un guardia municipal ha asomado la cabeza por la ventanilla de su furgoneta y nos ha preguntado por nuestro “proyecto”.

Poco a poco hemos ido entrando en materia y los repechos que todos nosotros tenemos grabados en la mente los hemos subido como Dios manda: cuanto más mejor. Atrás ha quedado Oskia y en Irurzun ha podido más Aizkorbe que cualquier otra alternativa. El puertecillo de Cía, amable como siempre, nos ha visto pasar a tutta la oxtia camino del café de Jaunsaras. Al Valle de Ultzama habría que nombrarlo “hijo predilecto” del ciclismo; no hay otro como él en el mundo ¡seguro! Si no ¿Cómo íbamos a ir tantos y tantos profesionales a recuperar nuestro correspondiente surco de la carretera? 
 
Ostiz, Olave, Sorauren, Oricáin, Arre, Villava y Burlada hasta llegar a Pamplona. Otra vez estamos en la Baja Navarra y ¡mierda! Estamos circulando por el “carril bus” y suena la claxon impaciente de una “villavesa”. Los que andamos en bicicleta sabemos perfectamente traducir las bocinas de los automóviles, furgonetas, camiones y autobuses; la de la “villavesa” nos estaba diciendo: ¡Apartaos de ahí, gilipollas, quitaos de ahí si no queréis que os borre de un plumazo, hijosdeputa!

Iba el primero del grupo y no sé qué es lo que estaba ocurriendo detrás. Me he retirado del “carril” y he hecho señales de que pasara. El conductor, formando parte del gigante autobús, se ha puesto a mi altura y me ha soltado, entre otras, -“no me extraña nada que os pase lo que os pasa”- 

El jebo era feo de cojones y de cara. Le he preguntado si era bobo y, en medio de su lerdez, no ha sabido qué responderme. En cambio sí he podido comprender que era un asesino. Un tipejo que no ha desdeñado la ocasión de acompañarme por el perímetro de la Plaza de Merindades poniéndose a mi altura, de tal manera que, si yo no hubiera sabido traducir el gesto criminal de su cara, él no habría desdeñado la ocasión de atropellarme con su autobús verde ¡sí, el nuestro, el de toda la vida! 

En la “parada” me he parado con él. He oído la voz de Andrés y le he hecho caso: -“déjale, déjale Víctor”
 
He preferido poner la otra mejilla y marcharme. Tengo otras cosas en las que pensar y ocuparme ¿verdad Nora?

Hasta otra. Bs.