Las circunstancias me han obligado a tener poquísima actividad ciclista
durante esta última semana.
El pasado miércoles noté cómo,
poco a poco, una idea se instalaba en mi cabeza. Al principio pasó casi de
puntillas, pero fueron demasiadas las veces
que esto ocurrió y, claro, no tuve más remedio que fijarme en ella. A eso de las dos de la tarde, antes de comer,
atravesé el barrio de Iturrama y, como en tantas otras ocasiones a lo largo de
este curso, me encaramé a lo alto de Cizur. Fue muy fácil, me había convertido
en un peregrino jacobeo.
Hace aproximadamente veinte años
tenía por costumbre coger alguna de mis bicicletas de monte, la que tuviera
entonces, y unas veces antes y otras después de comer, subía por el Camino de
Santiago hasta llegar al cruce de la maltratada carretera que va desde el Alto
del Perdón hasta las antenas. Fue conveniente dejar aquello de lado porque se
estaba convirtiendo en una obsesión de irremediable destino: el fracaso. Los
quince kilómetros que suma este trayecto se cronometraron una y otra vez.
Siempre conseguía rebajar la marca de la ocasión anterior y, una vez arriba,
regresaba a casa totalmente machacado pero contento. Esta situación no se podía
mantener eternamente, nunca lo conseguiría, así que me pareció buena idea
dejarla de lado y descubrir otros lugares en donde pasar las tardes.
El Camino de Santiago, después de
Zariquiegui y antes de llegar a la Fuente de Erreniega, fue maltratado por las
lluvias y corrimientos de tierras, por lo que los propios peregrinos fueron
trazando otro recorrido que resultaba imposible realizarlo en bicicleta. Con
esta prevención me acerqué el día 2 al fatídico lugar y ¡jodé, está arreglado! Lo
han solucionado de manera sencilla y resulta facilísimo salvar el tramo que
antaño era tan complicado. Si el tiempo no se muestra esquivo, esta ruta me va a ver con frecuencia durante el otoño.
Apenas tiene treinta kilómetros que son intensos y diversos. Y además ya no
tengo la “obligación” de batir ningún récord, ¡qué descanso!
Cuando escribo sobre los lugares
por donde transito, procuro no ser muy minucioso al estilo del “todólogo”
García Alix ya que esto no es ninguna guía del Camino de Santiago; mi intención
es que abandonéis por un tiempo las negras carreteras y os introduzcáis por los
caminos cercanos a Pamplona. Sí, ya sé que esto tiene el inconveniente del
barro pero, por algo más de un euro, las bicicletas vuelven a estar tan limpias
como antes. Es una actividad que no
requiere tanto tiempo como la ruta y eso, teniendo por delante el largo y
gélido invierno de Iruña, es una ventaja muy grande ahora que las tardes son
tan cortas.
Hasta pronto. Bs.
No les des ideas a los enemigos, ya lo dicen "al enemigo ni agua" si te hacen caso van a entrenar más y nos darán borra.
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